Descripción del libro
Las dos personificaciones atestiguan la vocación intelectual del pintor y su aspiración declarada a reclamar al arte una dignidad moral e incluso "filosófica". Por lo tanto, las artes hermanas nos aparecen como poesía meditativa y música inspirada, ajenas, hasta en el aspecto y la forma de la ropa, por un exceso de refinamiento, lujo, afecto o coquetería. Ese exceso que el propio Rosa denunciaba entonces en sus composiciones poéticas (Sátir I, II). “Sonrojedas a mi dir, mujeres romanas – escribió severo y desconsolado sobre la música de su tiempo – sus profanísimas ariettas han deshonrado las calles llanas”. Tampoco iba mejor a la poesía, que en lugar de permitirse los halagos de una sensualidad cortesana debería haber tenido un solo "objeto": "sedar la mente y moderar el afecto".