Descripción del libro
Hércules conduce su carro hacia el Empíreo, tirado por una cuadriga de corceles blancos; le siguen, entre ráfagas grises y tormentosas, dos amorcillos, uno de los cuales le corona de laureles mientras el otro le sostiene las riendas. Ilustra el momento que siguió al intento de autoinmolación de Hércules; Júpiter, al ver su intención, le concedió la inmortalidad y le transportó al Paraíso. Hércules viste la piel de león y apoya su mano en el mazo que le identifi-ca. «Así el héroe de Tirinto, desembarazado de su mortal envoltura, florece en la mejor parte de sí y parece revestirse de una augusta gravedad que le hace digno de reverencia. El omnipotente padre le arrebató, llevándole por entre las cóncavas nubes en una carroza tirada por cuatro corceles, se introdujo en medio de los radiantes astros» (Ovidio, Metamorfosis, IX, 230-272). Las analogías entre las «firmas» de La caída de Faetón, de Van Eyck, y La apoteosis de Hércules inducen a pensar que se trata de añadidos posteriores, que anotarían las anteriores propuestas en una memoria de la que informa el Cardenal Infante (Alpers, 1971, p. 216). El tema, muy del gusto de la sociedad española de entonces, se relaciona con la grandeza de la Corona y con el espíritu guerrero de la España del Siglo de Oro (D. Angulo, 1952, p. 179); vínculos que refiere Pacheco en su Tratado de la pintura (II, 1956, p. 22). El boceto de Rubens fue propiedad de las colecciones de los duques del Infantado, Pastrana y Errera, y se conserva, desde 1917, en los Musées Royaux de Bruselas (núm. 4103; Held, I, p. 280, núm. 195); Alpers y Held señalan arrepentimientos en las piernas de los amorcillos y en las patas de los caballos. Rubens aprovecha la imprimación marrón para lograr las tonalidades deseadas en las carnaciones y refuerza el dibujo con toques grises y blancos; el grabado de La apoteosis de Hércules de la edición de Lyon de 1557 sirvió de inspiración a Rubens, que simplificó la escena y omitió la pira funeraria. La reducción (L. 98 x 98) que desde 1920 hasta 1972 se atribuyó a Borrekens en los catálogos del Prado (núm. 1 369; Beroqui, Bol. S.E. E., 1917, p. 69) es copia de Mazo y se registra en el inventario de 1686, en el cuarto del príncipe (Bottineau, núms. 917- 922); después del incendio del Alcázar pasó al Buen Retiro y consta a nombre de Rubens en los inventarios de 1772 y 1794. El lienzo de Borrekens se inventaría en 1700 en la Torre de la Parada, en la pieza segunda del cuarto bajo: «Tres pinturas iguales de la historia de Hércules, de tres varas de ancho cada una, la una de mano de Borque, la otra de Languean y la otra de Thulden, tasadas todas tres en ciento y ochenta doblones, perdidas en el saqueo»; Justi pensó en Jan Van Boeckhorst, llamado Jean Lang. En el inventario de 1747 se identifica como «Júpiter en su carro de cuatro ruedas»; en 1772, en el Palacio Nuevo, se registra a nombre de Rubens en la antecámara del infante don Luis: «Otro cuadro de Hércules en el carro subiendo al cielo, de dos varas y media de largo y dos y cuarto de caída. Escuela de Rubens». En 1794 se tasa en 6000 reales, en la antecámara del rey.
Bibliografía
Jan Baptiste Borrekens nació en Amberes en 1611; es hermano del grabador Mathieu; alcanzó categoría de maestro en la Corporación de San Lucas en 1629-1630 y murió en Amberes en 1675. En 1631, en la iglesia de San Jorge, contrajo matrimonio con una hija de Jan Brueghel, y en testamento que otorga Ambrosius Brueghel en 1639 le lega los retratos, originales de Rubens, de Jan Brueghel de Velours y su segunda esposa, Catherine Van Marienbourg. La apoteosis de Hércules del Museo del Prado (núm. 1368) es obra clave que permite, aunque sumaria-mente, el estudio de su estilo, subordinado, incues-tionablemente, a la estela de influjo rubeniano; en ella repite el boceto de Rubens, de la Torre de la Parada, que se conserva en los Musées Royaux des Beaux-Arts de Bruselas. Su elección como uno de los artífices de la decoración del Pabellón de Caza del Rey confirma su vinculación con el mecenazgo hispano, a través, quizá, de Rubens y el Cardenal Infante. Su dedicación al comercio de arte explica, según Hairs, su sucinto catálogo; el inventario de sus pertenencias refleja la opulencia y bienestar que alcanzó en vida.